al cual ya estoy acostumbrada,
hoy fue diferente.
Tus ojos inmersos de ternura angelical me llamaron la atención.
Tu mirada perdida entre tanto rostro abrumado,
cansados solo por el hecho de comenzar la semana,
atareados y enojados por el retraso común de todas las mañanas,
fue lo que me calmo para no hundirme en el mar de mis pensamientos.
De algo tan simple como una caja de remedios
hiciste un juego eterno que duro todo el trayecto.
El sol en tus ojos fue lo único que te perturbo por un segundo,
y luego, como si no existiese nadie a tu alrededor,
seguiste con tus juegos y sonrisas,
las cuales dieron luz al bus con sus semblantes serios y colores grises,
olores amargos y palabras negras.
Quise recordarme como tú,
pero no lo logre.
Deje esos juegos hace años,
y lo caótico de la vida me hizo olvidar aquellos momentos,
esos en los cuales solo importaba disfrutar,
pero aunque ahora ya no los siento, lo intento.
Quiero volver a sentir esa paz y esa calma,
esas sonrisas eternas y puras.
No con dobles intenciones.
No con falsedad entre dientes.
No con maldad.
No quiero de eso a lo cual ya me acostumbre.

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